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Tom Barkin

Comprendiendo las disparidades en el empleo hispano

Tom Barkin

June 30, 2021

Tom Barkin

President, Federal Reserve Bank of Richmond

Virtual Presentation to Regional Hispanic Chambers of Commerce

Versión en inglés/English version

Gracias por haberme invitado a venir aquí con ustedes el día de hoy, y extiendo mi agradecimiento especial a la Cámara Hispana de Maryland por organizar este evento. Es la primera vez que estas 5 cámaras se han reunido, y espero que esto sea el inicio de una nueva tradición. Tenemos tanto que aprender unos de otros, y sé que las conversaciones del día de hoy inspirarán nuevas ideas para todos nosotros.

Antes de entrar en detalles, debo señalar que las opiniones que expreso son las mías propias y no necesariamente las de mis colegas del Comité Federal de Mercado Abierto o del Sistema de la Reserva Federal.1 Dicho esto, he pensado que hoy podría hablar un poco sobre cómo la pandemia de la COVID-19 ha afectado a la mano de obra hispana. Se trata de un tema importante que debemos estudiar en la Reserva Federal porque la comunidad hispana es esencial para el crecimiento de nuestra fuerza laboral, y el crecimiento de la fuerza laboral es un ingrediente clave del crecimiento económico. Espero que mis comentarios de hoy ofrezcan un contexto útil y de alto nivel para la próxima mesa redonda. Los temas importantes que se debatirán, como la educación, la atención de salud y el acceso al capital, han contribuido a la manera en que los trabajadores hispanos se las han arreglado durante la COVID-19 y serán herramientas clave durante la recuperación y más allá.

Mientras que la tasa de desempleo capta la mayoría de la atención, hoy quiero examinar a la fuerza laboral hispana a través del lente de la relación empleo-población. Esta medida refleja tanto la ausencia de las personas desempleadas y que están buscando el empleo, como a las que han abandonado por completo a la fuerza laboral, por lo que nos ofrece una imagen más completa de la recuperación del mercado laboral.

Empecemos con algo de contexto. Durante las dos últimas décadas, la relación empleo-población ha sido mayor para la población hispana que para la no hispana. Esto puede parecer sorprendente, ya que los trabajadores hispanos han experimentado sistemáticamente tasas de desempleo más altas que los trabajadores no hispanos durante el mismo período de tiempo. Pero se debe a la elevada relación empleo-población de los hombres hispanos, que desde el año 2000 ha variado entre 4 y 9 puntos porcentuales más que la de los hombres no hispanos. En gran parte, esto refleja el hecho de que los hombres hispanos son, en promedio, más jóvenes que los hombres no hispanos y, por tanto, tienen más probabilidades de estar en lo que los economistas llaman "la mejor edad" para la fuerza laboral. Pero incluso cuando comparamos personas similares, es decir hombres hispanos en la mejor edad con hombres no hispanos en la mejor edad, vemos relaciones de empleo más altas entre los primeros.

Por el contrario, las mujeres hispanas han estado históricamente rezagadas en comparación con sus contrapartes no hispanas en lo que respecta al empleo. Sin embargo, para febrero de 2020, la prolongada expansión económica, el aumento de los logros educativos y un descenso en las tasas de fertilidad habían equiparado la relación empleo-población de las mujeres hispanas con sus contrapartes no hispanas.

El mercado laboral, históricamente fuerte antes de la pandemia, había beneficiado también a los trabajadores hispanos masculinos y, en general, la tasa de desempleo de los trabajadores hispanos estaba cerca de su punto más bajo en la historia. El resultado es que en febrero de 2020, la brecha entre las relaciones empleo-población entre hispanos y no hispanos estaba en su punto más amplio registrado.

Pero entonces llegó la pandemia, y las consecuencias económicas fueron mayores para los trabajadores hispanos que para los no hispanos. Entre febrero y abril de 2020, más del 20% de los empleados hispanos perdieron su empleo, en comparación con algo menos del 15% de los empleados no hispanos. ¿Y qué fue de esa amplia brecha récord entre las relaciones empleo-población que habíamos visto en febrero de 2020? Pues, se redujo a casi cero en sólo dos meses.

¿A qué se debe esto? La concentración de trabajadores hispanos en el sector de servicios jugó un rol clave. Por ejemplo, en 2019, ellos representaban el 27% de los empleados en los servicios de alojamiento y alimentación, en comparación con el 17.6% de la fuerza laboral general. Todos conocemos el drástico descenso del empleo que se experimentó en este sector al inicio de la pandemia: se perdieron casi la mitad de los puestos de trabajo -un descenso de 6.9 millones- entre febrero y abril de 2020. Y si echamos una mirada más amplia a todas las ocupaciones de servicios, vemos que emplean a una cuarta parte de trabajadores hispanos. La proporción es aún mayor para las mujeres hispanas: casi un tercio trabaja en ocupaciones de servicios. Esto es sorprendente, teniendo en cuenta que la proporción de todos los trabajadores empleados en ocupaciones de servicios es menos de una quinta parte.

Esta concentración en puestos de servicio, que operan en gran medida de forma presencial, también significó que los trabajadores hispanos tenían menos probabilidades de tener empleos que les permitieran trabajar desde casa. El Instituto de Política Económica ha estimado que sólo el 15% de los empleados hispanos pudieron realizar teletrabajo en respuesta a la pandemia, en comparación con el 26% de los empleados blancos no hispanos. Esto puede haber agravado los desafíos laborales para los trabajadores hispanos, especialmente para las mujeres, dado el cierre de escuelas, guarderías y centros de atención de adultos mayores.

La concentración en puestos de servicio también significó que aquellos trabajadores que no perdieron su empleo se enfrentaban a un mayor riesgo de exposición a la COVID-19, un riesgo que se extendió a sus hijos y padres, ya que los adultos hispanos son más propensos a vivir en hogares multigeneracionales. Y de hecho, las comunidades hispanas han soportado una carga desproporcionada de la COVID-19. Aunque los hispanos constituyen el 18% de la población estadounidense, representaban casi el 29% de los casos de COVID-19 hasta el 23 de junio, según los datos de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades. La tasa de hospitalización es 2.8 veces mayor y la tasa de mortalidad es 2.3 veces mayor.

Hemos sufrido pérdidas trágicas, pero la recuperación económica está en marcha. Las vacunas están cada vez más disponibles y, a medida que van disminuyendo los casos de COVID-19, la actividad económica se va recuperando. La demanda de mano de obra parece fuerte, y estamos viendo ofertas de trabajo históricamente altas.

El empleo hispano se ha recuperado rápidamente. A mayo, el empleo hispano es un 4.8% menor de lo que era en febrero de 2020, en comparación con un 4.4% menor para el empleo no hispano. Teniendo en cuenta la caída inicial más pronunciada en el empleo hispano, esto es notable. Y si se observa la relación empleo-población, una vez más ha surgido una brecha, ya que la relación para los trabajadores hispanos es de 3 puntos porcentuales más alta que para los trabajadores no hispanos.

Es importante señalar, sin embargo, que los datos agregados ocultan la recuperación más lenta de las mujeres hispanas. Una vez más, los hombres hispanos son los que marcan la diferencia en la relación empleo-población, mientras que las mujeres hispanas van rezagadas de las mujeres no hispanas. De hecho, los hombres hispanos están más cerca de la recuperación del pleno empleo que los hombres no hispanos: el número de hombres hispanos que trabajan es solamente 1% menor que lo que era en febrero de 2020, en comparación con el 3.3% inferior de los hombres no hispanos. En contraste, 5.3% menos mujeres hispanas están trabajando que en febrero de 2020, en comparación con un 2.8% menos de mujeres no hispanas. De nuevo, la industria juega un rol importante en estas diferencias. Aunque las industrias de servicios, como el ocio y la hostelería, siguen agregando puestos de trabajo, todavía hay un gran déficit en comparación con la situación previa a la pandemia. Y aunque la continua reapertura del sector de servicios podría permitir a las mujeres hispanas recuperar el terreno perdido, es posible que veamos un daño duradero. Por ejemplo, los puestos de trabajo en el sector de servicios pueden parecer menos atractivos que hace año y medio, y no todo el mundo está dispuesto o es capaz de invertir y volver a capacitarse en una nueva carrera.

Entonces, ¿qué necesitamos para contribuir a una recuperación más completa? Hay algunas palancas que vale la pena explorar.

La primera palanca es avanzar en la vacunación. El despliegue de las vacunas ha impulsado la recuperación económica. Pero todavía hay margen de crecimiento entre la comunidad hispana. Al fin de junio, los datos de 40 estados mostraban que el 38% de los hispanos había recibido al menos una dosis de la vacuna de la COVID-19, en comparación con el 46% de los blancos. Si podemos superar las barreras de acceso y las brechas de información, podemos avanzar e impulsar nuestra recuperación.

La segunda palanca es ofrecer ayudas fiscales. El Congreso aprobó el año pasado un estímulo histórico. Al igual que las vacunas, el estímulo sólo es eficaz cuando llega a la persona individual. Los programas de ayuda con el alquiler están empezando a ponerse en marcha, y los pagos de los créditos fiscales por hijos empezarán en julio. Sabemos que las comunidades hispanas se enfrentan a obstáculos únicos para acceder a la ayuda, que van desde las barreras lingüísticas hasta la indecisión inducida por la inmigración, pero si podemos garantizar que la ayuda disponible esté llegando a las personas individuales, entonces veremos una recuperación aún más sólida.

En tercer lugar, tenemos que impulsar a la pequeña empresa. El Programa de protección de cheques de pago ya no acepta nuevas solicitudes, pero nuestra necesidad de fomentar el crecimiento de las pequeñas empresas sigue vigente. Según una medida, el número de pequeñas empresas abiertas hoy en día sigue estando un cuarenta y cuatro porciento por debajo del nivel de enero de 2020. La pérdida se ha sentido especialmente más entre las empresas de propiedad de mujeres hispanas. Las empresas de propiedad hispana son vitales para nuestro ecosistema de pequeñas empresas: después de la Gran Recesión, el número de pequeñas empresas en los Estados Unidos habría disminuido si no fuera por el crecimiento de las empresas de propiedad hispana.

Tengo la esperanza de que con el impulso actual de nuestra economía y los esfuerzos persistentes en estas tres áreas, veremos un crecimiento continuo en la economía general y en la fuerza laboral hispana. Con esto, permítanme pasarles la palabra a nuestros panelistas de la mesa redonda. Estoy deseando escuchar sus puntos de vista.

 
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Gracias a Maia Cotelo y Abigail Crockett por asistir en la preparación de estos comentarios. Las fuentes de información se pueden encontrar en la versión en ingles del discurso.

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